lunes, 16 de noviembre de 2009

Inseguridades


Solía ser gordo. Muy. A los 15 años pesaba más de 100 kilogramos. Con mucha dedicación, mucha lucha, mucha dieta y algo de ejercicio logré bajar más de 30 kilogramos. Aún hoy es uno de los logros de mi vida. Para los dieciocho años había alcanzado mi meta de peso. No obstante, cuando llegué al final, atravesé un breve período de semi-anorexia: quería más. Quería bajar más, empecé a saltearme comidas y cuando me quise acordar pasaba días enteros sin comer nada. Pensaba mucho en la comida, pero por un minuto en ese punto, no sentía la necesidad de comer. Era mucho más fructífero para mi si no comía nada. Fue un frenesí loco de ayuno. Los 30 kilos que bajé pasaron a ser 40 en cuestión de un mes o menos, y entonces ya estaba por debajo del peso que tenía que tener. Me sentía muy feliz de estar tan flaco (yo, que siempre fuí una vaca) y aún quería más. Iba por más. En realidad había una cosa que quería eliminar de mi cuerpo: la celulitis que tenía en el culo y mis tetas. No pude hacerlo. Es un poco antagónico, pero una vez fuí al ginecólogo y me diagnóstico ginecomastía, es decir que mis tetas son depósitos de grasa naturales de mi cuerpo, difíciles de erradicar. Si bien no son senos de mujer como quien diría, ni se parecen a ellos, son bastante prominentes. O al menos para mi. También me dijo que la única forma de deshacerse de las chicas era mediante cirugía estética. Ni la dieta ni el ejercicio lo iban a lograr.

Sin embargo nunca fuí muy fan del ejercicio. De chico practicaba artes marciales pero mis aproximaciones duraban no más de unos meses. Luego pasé a salir a correr un poco y dio resultados, pero después empecé a fumar y eso se volvió un poco utópico. Ahora no estoy haciendo nada de ejercicio, pero tampoco estoy comiendo como una bestia. Es que la dieta me enseó varias cosas y me dejó varios hábitos positivos: leche descremada en vez de leche común, agua en vez de gaseosa, pan de salvado en vez de pan blanco, etc.

Con el tiempo, por alguna razón que aún desconoco, volví a subir de peso y llegué al que porto hoy: 83 kilos. Al medir 1,77 debería pesar 77 kilos. Es decir, ese sería mi peso ideal, pero mi cuerpo ya no sube ni baja de los 83. Como o no coma, siempre se acomoda ahí. Hasta ahí siento que llego. Ese parece ser mi peso "natural". Y si bien ya no soy una vaquita tampoco soy flaco. Ni gordo. Soy como morrudito. De todas formas el peso siempre tuvo un protagonismo muy imperante en mi vida, jamás pude desligarme por completo de mi imagen física. Si bien no doy asco, siento que mi panza y mis lolas son un impedimento para lograr la meta final: EL SEXO. Jamás me sacaría (ni lo hice desde que engordé la primera vez) la remera enfrente de nadie. Mucho menos dejar que alguien me toque. Me doy asco a mi mismo. Eso a pesar de que mis amistades viven hablandome de lo hermoso que soy. Y de lo buena persona.

Me cuesta creermela, si bien tengo tintes de egocentrismo que son importantes, hay algo, muy en el fondo que me sigue recitando en el subconciente y en el inconciente: "SOS EL MISMO GORDITO PUTO Y REPULSIVO DEL QUE TODOS SE BURLABAN EN LA PRIMARIA". Y eso a pesar de que sólo tengo 6 (SEIS) kilos de más.

Si Ga está leyendo esto, me gustaría pensar que ella piensa que lo de ser gordo es poner una excusa más para no dejar que nadie se acerqué al fondo: es decir, por un rollito que me cuelga no puedo decir que me doy asco y que nadie puede poner una mano encima mío sin vomitar. Es lógico. Hay mucha gente que es gorda y eso no le impide nada. Ni le avegüenza tanto como a mi. Y sin embargo yo me aferro a mis remeras negra o camisas de rayas horizontales como si el resto de mi ropero no existiera. Hay algo que tengo que ocultar.

Por momentos, inclusive, limé con la idea de que yo me mantenía en este peso inconcientemente para tener una excusa para huirle al sexo y al amor. Si realmente fuera un ser físicamente repulsivo, no hubiera tenido las oportunidades que tuve, y con chicos que eran bien lindos. Sin contar las encaradas en boliches y los papelitos con números de teléfono o mails que me daban por la calle o en la facultad. Uno puede pensar llegado a este punto que sus amigos y seres queridos le dicen que es hermoso porque lo aman. Yo creo que es así en parte. La amistad es o muy mentirosa o muy certera. O ambas. También con la idea de que mi vieja me mantenía gordo y cada vez que le pedía que me haga una ensalada me hacía milanesas para mantenerme gordo, y alejado del peligro. "El peligro".

También pienso mucho en que quizás ser gordo, o considerarme gordo mejor dicho, tiene que ver con una máscara que tengo afuera: me aferro al hecho de ser gordo para decir que me doy asco, pero en realidad me doy asco de mi mismo por algo que está mucho más adentro. Quizás lo que realmente me de asco es ser gay. Quizás sea uno de esos "gays homofóbicos", con la bronca que les tengo. Quizás yo mismo me castré psicológicamente para no enfrentarme a una cama con otro tipo y así jamás concretar mi sexualidad. Consumirla. Realmente consumirla. Todo es tan oscuro. Porque de ser ese el caso, lo que me tendría que dar vergüenza es ser tan cagón e hipócrita. Pero creo, sin embargo, que en realidad mi odio y me repulsión no está dirigido hacia mi sexualidad o hacia la homosexualidad en general, sino más bien hacia mi mismo. Que en realidad es un conjunto de cosas por las que me odio. Pero bueno, esa puede ser la más importante.

Nunca hablamos bien del tema de la apariencia física en el consultorio con Ga. O del peso, mejor dicho. Si bien le contaba mis avances con la nutricionista, nunca realmente nos pusimos a analizarlo en conjunto. Pero es notable que cada vez que me refiero al acto sexual allí me refiero al mismo como "la chanchada". Una vez dije que era feo y bueno... no era así. Es que realmente no soy feo de cara, y esto juro que no es un tinte de egocentrismo. No quiero dármela de Brad Pitt, pero realmente no me considero feo. Sin embargo, también se transforma en un problema para mi, porque cada vez que pienso en que soy lindo tengo inseguridades tales como tener caries, perder un diente, que se me caiga el pelo, que me quede una cicatriz fea de un grano en la cara. Porque en ese caso realmente sentiría que no me podría enfrentar al Mundo: ser lindo es lo único que tengo. Y si no lo fuera, tendría una excusa nueva.

F-A-C-T-S:

- La primera vez que me encontré con el Hada Madrina, lo primero que me dijo, antes de siquiera decirme "Hola" fue: "No sos gordo, nene... dame un abrazo".

- La vez que salí con el Marsupial estuve toda la cita abrazando una campera. Además, misteriosamente, me había salido un horrible grano de proporciones bíblicas en la cara.

- En la primaria había un chico que me gastaba constantemente, y me hizo la vida imposible durante seis años. Pequeño Demonio. Una de las cosas que más le gustaba hacer para molestarme (además de los mil sobrenombres que me ponía) era apretarme las tetas. Me gusta pensar que era o es un gay reprimido.

- Cuando estuve desnudo en la cama con el Faérico casi me muero. Fue él quien me tuvo que decir: "Dale, no seas boludo, sacate la remera...".

- Hace poco me fuí a hacer un electrocardiograma, y había tanta gente en el consultorio que cuando salí casi me pongo a llorar por el hecho de que todos me habían visto en cuero.

- Cuando iba caminando hacia la mesa en la que estaba Jouji sentado esperándome, vi algo de decepción en su cara. Jamás me voy a olvidar de eso. A pesar de que las cosas después hayan salido bien (más allá del Boicot y la "palabra mágica"), en ese momento sentí que se me había caido todo. Ese día estaba usando de mis camisas a rayas favorita.

- Fantaseo con la idea de que las personas que me ven caminando por la calle cuchichean y se burlan de mi. De mi físico.

No hay nada que me aterre más que no concretar la idea de tener un cuerpo decente en algún momento de mi vida. De sentirme sexualmente deseable. Apetitoso. De no lograrlo, probablemente jamás me llegue a la meta final. Es una promesa.
A veces siento que busco la perfección en vano. O la aceptación de manera perversa y consecutiva.

- Siento que en el "Mundo Gay" ser gordo no está bien visto. Y en el "Mundo Real", tampoco.


T-O-M-M-Y

P.D.: Esto bajo ninguna circunstancia es una entrada superficial. No soy una quinceañera con un caso leve y maximisado de acné juvenil. Soy un adulto joven que se rehusa a aceptar que la vida va más allá de ser atractivo. Y eso es grave.

Gracias por leer.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi estimado Tommy, todos tenemos algo de nuestro cuerpo que no nos gusta, pero eso no tiene que quitarnos el sueño ni las ganas de vivir. Se nota que sos un chico de buen corazón y eso es más importante.
Arriba ese ánimo, campeón!!!!!
Te mando un abrazo. Tomy

Unknown dijo...

Yo tuve un problema similar. Tenés un gran mostruo malo adentro tuyo! Fija que cuando te aceptes te vas a hacer un ninfómano.

Sabés que la belleza no es todo. Hace falta que te lo interiorices. El 90% de ser lindo, es VERSE lindo. Desde que dije que soy gay, estoy feliz, la gente me ve feliz y máslindo. Me lo han dicho , aunque yo no lo vea tan así (modestia ante todo pancho!).

Yo por una dieta auto impuesta y un autoboicot con lo que preocupé a mucha gente, dejé de comer carne poquito a poco. Ahora no me gusta,pero antes era una cosa que me costaba. Ahora lo escudo conque me da asco y pobrechuchis los animalitos, pero la realidad es que no comía porque creía que engordaba (me como una papa hervida y estamos en la misma).

Qué es lo que tendrá que pasar para que te empieces a valorar por todo lo bueno que tenés?

besi

la expo sigue el domingo que viene!es el cierre!

elladooscurodelarcoiris dijo...

Jaja, entonces voy a pasar, porque el Domingo no pasé... me mató esto: "Fija que cuando te aceptes te vas a hacer un ninfómano".

Gracias por los abrazos, Tommy ^^


TOMMY