viernes, 8 de abril de 2011

Cuando le dije a Jouji que no quería volver a verlo...


Hay un tejido entre cada persona, entre cada cosa, entre cada acción y pensamiento. Un tejido que si bien no es irrompible, es improbable. Y como tal, se estira, se deshilacha, se mueve y se desplaza. Yo creo que, por "A" o por "B", todas las personas que conocemos pasan a formar parte de nuestras vidas y en el preciso instante en el que cruzamos una mirada, una palabra o un gesto con ellas, ese tejido se empieza a formar entre los dos y los cosas mutan, inclinándose hacia algún lado: puede ser una amistad, una relación de trabajo, un desprecio profundo, un romance o el completo olvido. Y eso se debe a que el tejido tiene sabor, textura. Cada vez que recordamos a una persona, ya sea por una palabra que nos dijo, un abrazo que nos dio o una puteada que nos lanzó, ese tejido vibra una vez más. De hecho inclusive creo que cuando recuerdo a alguien de la nada es porque ese tejido fue estimulado por alguna de las partes o desde el exterior. Sin embargo, es necesario aclarar que el tejido no es el hilo conector entre nosotros, sino nosotros somos los nexos entre los tramos del tejido. Porque somos meras personas, conectores para ese tejido, que a la larga o la corta, será utilizado por otros, será compartido y vendrán otros capaces de aprovecharlo. Porque ese tejido no es nada más que información, y nosotros los transportadores y generadores de la misma.

Un año y medio después de haberle dado una patada en el orto a Jouji, probablemente la persona que más me gustó de todos los pibes con los que salí en mi vida (que no fueron más de diez, pero no importa), tras intercambiar algunos mensajes previos a través de una página de contactos, le pregunté si quería volver a verme... y dijo que sí. A continuación voy a dar un pantallazo general de todo lo que pasó por mi cabeza en esos días, porque a esta altura no tiene sentido rememorar todo de manera rigurosa y últimamente me cuesta mucho publicar algo en este blog.

Al instante de su aceptación a mí propuesta, me sumergí en la peor de mis fantasías Disney hasta el día que lo vi: me imaginé saliendo con él, cumpliendo mi sueño relativamente inalcanzable de conseguir una pareja estable y ser feliz, de compartir cosas con alguien más allá de la cama y demás estupideces con forma de osito de felpa encantado que come flores azucaradas. Criaturas con las que en uno de mis días de lucidez haría una fogata en la que quemaría el vestido de bodas que cosí el día anterior. La cuestión no fue que haya dicho "sí", sino cómo dijo ese "sí"... Jouji dijo que me entendía, que sí quería volver a verme y que en su momento, cuando le dije que no quería volver a salir con él, lo había dejado con muchas preguntas... pero él sabía que ninguno de los dos tenía las respuestas. La Loba y yo nos derretíamos de romanticismo al leer lo que ponía, y así fue como un día antes de vernos me la pasé maquinándome que sería mi próximo novio. Claro que también había muchos miedos en el medio: cuando yo le dije a Jouji que no quería volver a verlo puse dos excusas que para mí constituyen la penetración de dos barreras importantísimas. La primera radicaba en mi visión superficial de las relaciones, y le decía a todo el Mundo que no estaba seguro de estar físicamente atraido hacia él. La segunda era una barrera aún más difícil de penetrar... le había dicho a Gaga que no sentía nada cuando me besaba. De modo que en esta cita, mi anestesiada mente romántica tenía dos misiones: primero, dilucidar si Jouji me atraía físicamente o no, y después ver si aquellos besos eran tan insípidos como decía. Desconfiaba de mi mismo en ambos niveles, porque en el 2009 estaba demasiado loco aún como para realmente perpetrar un sentimiento real, por más simple que fuera, y ahora estaba demasiado emocionado por mi cita como para diferenciar la verdad de la mentira. Esto hasta que la noche anterior intercambié dos palabras con él por MSN, y entonces me di cuenta de que él estaba tranquilo, distante y relajado... y eso me llevó a sentirme tranquilo a mí, porque me percate de que lo que estaba por ocurrir era sólo eso, una cena... así que puse a mi cerebro en el frizzer e intenté estar relajado para el día siguiente.

El trato era que yo iba a su casa (algo alarmante la propuesta) y le cocinaba (porque él no sabe hacerlo), comíamos y charlábamos. Obviamente que me maté para que esa cena salga lo más redonda posible, y estuve feliz de confirmar que ni bien me subí a su auto... sí me sentía físicamente atraído hacía él. Y sin más la cita comenzó con la charla-para-romper-el-hielo que seguía igual que la última vez que lo había visto. No me enorgullezco, pero si me jacto de decir que soy una cita fácil: me acomodo a la personalidad del otro, y si bien no le digo lo que quiero escuchar, trato de preguntar y contestar de la manera más amigable mantiniéndome alejado de los lugares comunes o los incómodos. Cuando llegamos a la casa cruzamos otras dos palabras y cuando lo tuve frente a frente mi mente me jugó una mala pasada: de repente comencé a pensar que en realidad no me gustaba, que estaba inventado todo porque lo único que quería era que esa fantasía Disney se hiciera realidad, que buscaba excusas para que me guste un pibe que nunca iba a gustarme... y mi cara se puso roja. Y mis orejas se pusieron violetas. Y sentí ganas de vomitar. Y no podía respirar... ¡Y NECESITABA SALIR! Entonces pensé: "Tranquilo, Tomás, tranquilo... respirá hondo... respirá hondo... respirá hondo..."

Horas después hablábamos y nos reíamos y comíamos y mirábamos la tele e intercambiábamos ideas. Sí me gustaba. No podía boicotear esto de vuelta. Lo que estaba por pasar en el futuro no era un "Abracadabra", sino un "Anti-Abracadabra". Y como siempre preguntó: ¿Qué me da más miedo? ¿Que me correspondan o que no me correspondan? Durante esa charla, mientras los dos cortábamos las verduras charlamos de todo: del romance, del noviazgo, de los chicos que te cortan el rostro sin darte explicaciones, de los que se enamoran a la segunda salida, de los que se sienten baratos después de un rato de sexo express, de los boliches, de los amigos... yo qué sé. Fue una linda noche. La pasé muy bien y estaba contento de volver a verlo.

Hacia el final me moría por besarlo y tirar la segunda barrera. Le expliqué que tenía que trabajar y le dije que estaba muy cansado. Me preguntó si me quería quedar a dormir... y le dije que no. Así que me llevó a casa. Y en el viaje de vuelta seguimos charlando y cuando llegamos a la puerta de casa se concretó lo que quería... y puedo asegurar que si alguna vez dije que sus besos eran mecánicos e insulsos, mentí. MENTÍ DESCARADAMENTE. Porque el beso que me dieron en la puerta de mi casa sacudió todas mis estanterías, tiró abajo todas mis barreras, todo. Para mí los besos son muy importantes, un tipo que no sabe besar me la baja, no es sólo un trámite desde mi punto de vista, y tengo como una especie de ranking de besos (que puedo subir uno de estos días), y el que me dio Jouji el otro día, quizás no esté al tope, pero sí rankea muy alto...

Ese beso en la puerta de mi casa, arriba de su auto, se pronlongó más o menos una hora. Hubo además de besos, abrazos y caricias, e inclusive instantes en los que sólo estábamos abrazados y otros en los que lo empujaba en chiste para que me deje bajar, aunque a esa altura ya sabía que mi día iba a ser una tortura deda la falta de sueño (eran casi las 4AM). Le expliqué además, que si las condiciones hubieran estado dadas, me hubiera quedado a dormir en su casa... pero prefería descansar en la mía y arrancar el siguiente (que era el más largo de mi semana) un poco más relajado. Él me dijo que lo iba a odiar a las 15hs. por ser un zombie muerto de sueño y yo me reí. Me bajé, lo saludé con otro beso y entré en casa. El se fue.

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Al día siguiente a las 15hs. le mandé un mensajito por Facebook diciéndole que lo odiaba. El rió y me pidió perdón. Yo le dije que no me pida perdón, porque había pasado un excelente rato con él...

A la tarde le conté a Gaga lo relajado que me sentía de que todo haya salido bien y de que a pesar de que intentaba con todas mis fuerzas no proyectar, porque sabía lo dañino que eso era, no podía evitarlo. Tenía esperanzas con Jouji y no me iba a mentir a mí mismo. Pero al mismo tiempo, también le dije que no podía saber si esas esperanzas eran infundadas: aún no puedo discernir si él me gusta porque me gusta o si me gusta porque me cansé de estar sólo...

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Al otro día lo saludé por MSN y no me contestó. Interpreté que estaría lejos de la PC u ocupado...

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Y los días siguieron. Yo lo veía conectado pero esperaba a que él me hable aunque me moría por charlar con él porque lo último que quería era asumir el papel de loca perseguidora pseudo-enamorada... a pesar de que esa fuera la realidad. Me contuve de hablar. Y los días se hicieron semana, y yo esperaba un mensaje de texto que nunca llegó. La semana se hizo semana y media, y yo le mandé un mensaje por la página de encuentros cuando lo vi conectado, y me dio una respuesta escueta y esquiva...

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Y yo estoy muy confundido. Porque no quiero tener espectativas, pero al mismo tiempo no puedo evitarlo: mi cabeza no deja de imaginar, proyectar y demás. No sé qué me pasa ni cómo revertirlo...

Como venía diciendo al principio, hay un tejido invisible entre todas las personas. Cuando yo empecé a leer sus blogs y comentar y ustedes empezaron a entrar acá y dejar sus opiniones, se formó un tejido entre nosotros, también. Un tejido que seguramente hubiera tenido otro sabor, otro color, otra textura si ustedes me hubieran conocido en la época en la que le dije a Jouji que no quería volver a verlo... cuando me sentía más entero, cuando tenía contenido. Cuando no era la bola de grasa en descomposición que soy ahora: cuando era alguien inteligente. Ahora no me siento inteligente. Hoy me siento un idiota, es raro. Antes no tenía voluntad ni determinación, lo admito, pero hoy no tengo contenido, y eso duele mucho más. Todas mis máscaras, todas mis ideas se quiebran y mi cerebro es eso... POLVO. NADA. Soy un boludito corriendo atrás de un pibe, con los ojos vendados y los oídos tapados...

Odio el ser en el que me convertí y me encantaría recuperar al que solía ser, no me canso de decirlo.


TOMMY Knocker

P.D.: Mi hermana y la Loba dicen que el mensaje de Jouji no es esquivo. Que yo estoy buscando nuevas excusas para creer que en realidad no quiere verme.
P.D.2: El dibujo es de la mangaka Ai Yazawa, y "Jouji" es el nombre del personaje en cuestión, que es uno de los protagonistas del manga "Paradise Kiss". Elegí ponerle "Jouji" a ese chico porque es flaquito y largo como los dibujos de Yazawa, y este, Jouji Koizumi, es el que más me recuerda a él.

3 comentarios:

Joe dijo...

Hola... justo me tome un tiempito para leer blogs y bueno me sorprendio verte por aca.
Seguramente, a pesar de no saber que dice ese mje me inscribo en la idea de que sos vos poniendo trabas. Es lo mas comun, lo que siempre hacemos cuando no estamos seguros.
Esta vez no tengo consejos para darte... pero bueno capaz ya no tenga consejos ni para mi mismo.
Un beso enorme, me voy antes de dejarte un testamento jaja.

Anónimo dijo...

q bueno volver a leerte. q puedo decirte... la verdad q sin saber lo q decia el mje no puedo saber si es esqivo o no. de todas formas para mi el fue un poco esqivo por dejar pasar una semana sin comunicarse mas con vos.
por otro lado esas cosas q escribis sobre vos al final, eso q sos una bola de grada podrida etc.. no me gusta para nada. creo q sos muy inteligente y si qeres q la gene te qiera tenes q empezar a qererte a vos mismo tambien.
lo q me gusta de leer tu blog es q noto q de apoco vas progresando aunqe no parezca yo creo q si.
bueno espero q te valla bien en tus cosas.
saludos
GRILLO

Lápiz Azul dijo...

Que bueno que vuelvas a escribir, yo creo que no estaría bueno volver a ser el que eras. Si estás sintiendote así por alguien, es porque estás vivo Tom, porque corre sangre por tus venas y no sos un robot vacío de preguntas y lleno de respuestas.. es si sería aburrido.

Abrazo !